La historia de La Madrileña es un relato de pasión, dedicación y amor por la calidad. Todo comenzó en 1968, cuando Purificación Banderas de García y su esposo, Trinidad García, llegaron a Colombia con un sueño: crear productos cárnicos que conquistaran los paladares de las familias colombianas.
Con esfuerzo y dedicación, La Madrileña creció, expandiéndose desde Bogotá hacia las principales ciudades del país. Cada embutido, cada producto, llevaba consigo el sello de calidad y el cariño de sus fundadores.
En 1995, después de 27 años de arduo trabajo, la historia dio un giro inesperado. La multinacional danesa Plumrose, reconocida en el mundo de los cárnicos, vio en La Madrileña un diamante en bruto. Así nació Plumrose-La Madrileña, una alianza que combinaba la tradición colombiana con la experiencia internacional.
Esta unión trajo consigo una revolución. En Tocancipá, se levantó una planta de producción con tecnología de punta, siempre con un objetivo claro: llevar lo mejor a la mesa de cada hogar colombiano. La calidad no era solo una promesa, era una obsesión.
Pero la historia de La Madrileña tenía preparado otro capítulo interesante. En 1998, dos empleados, uno de Plumrose y otro de La Madrileña, se conocieron y vieron una oportunidad de negocio. Decidieron formar una alianza estratégica para continuar el legado de la empresa, adquiriendo la marca.
Hoy, La Madrileña sigue siendo un símbolo de tradición e innovación en Colombia. Cada producto que sale de sus instalaciones lleva consigo décadas de experiencia, el amor de sus fundadores, y el compromiso inquebrantable. La historia de La Madrileña nos recuerda que, con pasión y dedicación, un sueño empresarial puede convertirse en el sabor preferido de todo un país.
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